Nota publicada en Diario "Crónicas" de Soriano, Uruguay, el 11 agosto 2026
ANTONIO ANDRÉS Y SU PADRE FORTUNATO
Antonio Andrés fue alcalde de Celadas y es un hombre clave en lo que fue la búsqueda del sitio de caída de Luis Tuya.
“Cuando mi padre hablaba de la guerra siempre terminaba hablando de esta batalla. Me hubiera encantado que mi padre hubiese sabido que el piloto que él vio morir se llamaba Luis Tuya”.
Fortunato Andrés, su padre, en sus 15 años, era pastor de ovejas y la mañana del 16 de abril de 1937 estaba en el monte Santa Bárbara junto a Antonio Guillén Gómez “Rosino”. Ambos se acercaron al avión caído de Luis y le vieron mirada al cielo mientras se quemaba.
En diciembre 2021, en una segunda visita de búsqueda, Antonio nos esperó en el monte Santa Bárbara con todas las herramientas que le habíamos pedido. Al día siguiente consiguió una excavadora y él mismo la manejó durante todo el día.
“Yo tengo conocimiento a raíz de toda mi vida de oír a mi padre como vio caer el avión y como vio empezar a pegarse fuego”.
¿Qué te contaba tu papá?
“Me contaba que vieron como caía el avión y cuando ya cayó en el suelo el avión estaba el piloto, siempre me decía lo mismo, que llevaba el gorro de aviador y unos guantes y él recuerda muy bien aquella imagen de como lo vio y siempre, siempre, siempre, aquello lo debió de marcar algo porque me lo contaba cientos y cientos de veces”.
Él se acercó con Antonio (Rosino).
“Sí, con Antonio que entonces estaban allí con unas pocas de ovejas que tenían allí en la partida Las Cuevas y se acercaron los dos pero enseguida se fueron porque alguien llegó y les dijo que se fuesen por si explotaba el avión”.
Entonces él también vio arder el piloto.
“Sí, vio arder el piloto”.
Le habrá quedado para toda la vida ese recuerdo, esa marca.
“Ese recuerdo… yo a lo largo de la vida cuando me lo contaba yo decía… pero ya estás con cosas de la guerra, siempre con cosas de la guerra. Pero aquello lo debió dejar marcado porque aquello fue… debió de ser para ellos… pues, un trago”.
El hecho de que tú nos hayas ayudado muchísimo en la búsqueda, ¿te ha acercado a tu padre?
“Sí, sí. Yo hubiese dado algo porque mi padre hubiese sabido, en estos momentos, como se llamaba el piloto que él vio arder y ponerle el nombre de Luis Tuya. Ha sido para mí una cosa muy importante porque es un episodio que mi padre no dejaba de contar. Hubiese sido muy bonito que mi padre hubiese estado aquí para poder ver quién fue el que cayó ahí”.
Para nosotros que nos cuentas esto es muy emocionante, de mucha sensibilidad, porque son historias que quedan y relacionadas con Luis.
“Muchísima. Muchísima sensibilidad porque, ya te digo, fue en aquellos tiempos, aquella época, fue para la gente aquella un desastre y él hubiese estado aquí hoy… mi padre hubiese llorado de emoción de saber el nombre del aviador Luis Tuya, que siempre decían que había sido un ruso y ahora saber que era uruguayo y que se llamaba Luis Tuya… mi padre, bueno, no se lo creería, lleno de emoción”.
Antonio, muchas gracias por todas las ayudas que nos has dado.
“Pues muchísimas gracias a vosotros. Yo también estoy agradecido a vosotros porque habéis buscado una persona que luchó … perdón (se emociona)… por la libertad y la democracia y esas personas se merecen todo. Muchas gracias”.
Por un día entero de trabajo el propietario de la enorme excavadora pidió cien euros incluido el combustible. Algo simbólico. Por lo menos eso nos dijo Antonio. Al terminar el día pagamos a Antonio los cien euros, en tanto él sentenciaba: “a mí no me deben nada”.
Volví a pasar por Celadas y reencontrarme con Antonio, siempre amable. En un momento me dio un billete de cien euros. Me dijo que era el mismo billete que le había dado en el monte Santa Bárbara. Me pidió que ese billete fuera a Soriano y si es posible que se exhibiera. Su manera simbólica de colaboración, de conectar con Soriano, con Luis y con su padre Fortunato.


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