lunes, 4 de junio de 2012
miércoles, 29 de febrero de 2012
ESCUDO DE CANELONES - DONACIÓN AL PUEBLO DE SORIANO DE PABLO MAROTTA

El escudo municipal de Canelones fue construido a nuevo en el Monumento a la Admirable Alarma en el Parque Asencio. Luce nuevamente al igual que todos, hecho en hormigón a diferentes niveles, proceso que fue usado en la obra original en todos los escudos.
Pablo Marotta construyó y donó este nuevo escudo. También había participado en la construcción inicial del Monumento, cuando siendo funcionario municipal, trabajó junto a su padre Wilde Marotta Castro, quien tenía a su cargo emplazar un Monumento a la Admirable Alarma. El semicírculo de escudos “abraza” el lugar del hecho, jerarquizándolo, pretendiendo no invadirlo, y con la posibilidad de poder caminarlo, pasear o detenerse, tanto en vehículos o a pie y vincularse naturalmente al hecho histórico.
Pablo Marotta es actual funcionario de fábrica Pamer y en honor a la memoria de su padre tuvo esta iniciativa para volver a poner al día al Monumento y en igualdad a todos los escudos. El nuevo escudo de Canelones fue donado en su totalidad, materiales de construcción, horas y trabajo al pueblo de Soriano, con la previa aprobación de la Intendencia.
lunes, 27 de febrero de 2012
CARTA DESDE ROMA (III)
Publicado en Semanario Entrega 2000 de Mercedes, Uruguay
EN TREVI HAY UNA FUENTE
La Fontana di Trevi es mágica, vaya descubrimiento. Con sus monedas. Llegar a ella luego de pasar por calles estrechas rodeadas de locales de venta de souvenirs y recuerdos no hacen otra cosa que aumentar el deseo.
Aparece casi de repente, llena de gente, de cámaras fotográficas y flashes, de monedas que unos dicen se deben lanzar con la mano derecha por sobre el hombro izquierdo, que una, dos o tres monedas según lo que pidas, ritual popular a partir de la película Tres monedas en la fuente, del 54.
Voces de muchos lugares y la sensación de estar y pertenecer por un rato a un lugar emblemático, hermoso. Donde Anita Ekberg y Mastroianni permanecen con el espíritu de La Dolce Vita, ruido del agua, iluminación nocturna, el Fellini del 60. Cuesta dejar atrás la Fuente, su Neptuno, la abundancia, la salubridad, los desafíos arquitectónicos del siglo XVIII, la Roma antigua del agua pura y sus acueductos y fuentes, el Palacio Poli, papas y poder, arte.
La fuente está rodeada de edificios, lo hacen un lugar pequeño, se llega por callejuelas y por aparecer de golpe se vuelve majestuosa, aumenta su belleza. La nota la dan los interminables pedidos de muchachos indios (o paquistaníes) que a un costo de 5 euros pretenden negociar con los turistas una foto, con las viejas máquinas Polaroid. Hay bastantes y son insistentes. En el mundo actual donde todos tienen una cámara digital parece algo propio del pasado.
Es difícil calcular cuántas fotos son tomadas a diario en la fuente.
Otra cosa que me llamo la atención, estimado Pepe, fue que Roma conserva en pleno centro calles de adoquín. Recuerdo que en algún momento fueron cuestionadas en la Mercedes del Hum.
Hasta la próxima, me quedo en Trevi, que es mucho más que una fuente.
miércoles, 22 de febrero de 2012
CARTA DESDE ROMA (II)
Publicado en Semanario Entrega 2000 de Mercedes, Uruguay.
MÁS DE LO QUE PENSABA
Estimado Pepe:
Es una ciudad museo, ciudad arte por naturaleza. Heredera de su propia historia legendaria, de emperadores, imperios, luchas, invasiones, plebes y gladiadores, monarquías, repúblicas, héroes. Roma ha sido siempre Roma. Tiene la particularidad de ofrecer turísticamente visitas concretas a sitios tan históricos como actuales. Tiene la magia escondida a la vuelta de cualquier esquina y el asombro de la arquitectura, del arte, que se vive cotidianamente.
Me pareció una ciudad fascinante, enriquecedora para el que la visite. Donde desde el centro o zona de hoteles se puede ir caminando hasta sus sitios emblemáticos, cual de un paseo sin prisas se tratara. Pareciera estar todo cerca. Los precios son comunes para la Europa actual, la gente con la cual nos tocó tratar demostraron tener amabilidad para el turista, afinando detalles, desde un taxista hasta un mozo. Quizás fue suerte y otros tengan distintas cosas para contar. Dio la sensación de ser una ciudad preparada para tratar con una industria determinante como es el turismo.
Precio fijo de taxis desde el aeropuerto hasta Roma o viceversa (40 euros), restaurantes, hoteles y entradas a sitios turísticos con precios razonables. La excepción la marcó un café callejero frente al Coliseo, por eso es siempre mejor preguntar antes.
Vale la pena visitar Roma. Es más de lo que uno supone. Con ella se crece culturalmente.
miércoles, 8 de febrero de 2012
CARTA DESDE ROMA
Publicado en Semanario Entrega 2000 de Mercedes, Uruguay.
LO HE VISTO TODO
Me abstraigo de creencias, de las contradicciones, de ateos y mercaderes, de cardenales, críticos, del pensamiento de cambiar riquezas por el hambre. No evado la discusión, pero esta vez sólo quiero centrarme en el arte.
Crecí rodeado de ella, de niño sin darme cuenta su dimensión. Revistas ilustradas, con fotos preciosas, me paseaban por todos los Giotto, Tintoretto, Tiziano, Botticelli, Leonardo o Greco o más reciente Gauguin, Cézanne y todos los más o menos conocidos. Sé que vi en aquellas fotos el dedo de Dios y me fascinaron los clásicos italianos.
Hasta que di un giro en la Basílica de San Pedro y apareció ella, mármol que cinceló Miguel Ángel en sus 23 años y que firmó después de presentarla al público. Frente a mí la perfección del arte, la búsqueda de la excelencia del escultor pintor. Apareció la belleza y sigo evadiéndome de religiones, principios y mercaderes. Delante de mi camino estaba La Piedad.
Y horas después caminé y caminé por el Museo Vaticano, viendo y no viendo tanta arte, tanto Rafael y cuántos más, que al final hay tanto que igual pasas de largo cerca de una obra maravillosa. Porque el camino parece interminable, el lugar es grande, el arte invade, la ansiedad crece. Caminas y caminas, te detienes pero quieres avanzar. Porque al final espera el dedo de Dios.
Y subes o bajas escalones y no iba solo, por supuesto. Conmigo iban los míos. Te detienes en esculturas, pinturas, telas, mapas… y parece estar todo hecho a propósito para ir preparándote para la escena última, la Sixtina, como juicio final.
Lo he mirado todo. Pared y techo de la capilla. He estado donde Miguel Ángel y me abstraigo del artista acaudalado sin descendencia, evado los Julio II y los Médicis. Imagino el tiempo, el desafío, la perfección, la inteligencia y claro, miré con ojos de alguien querido que tanto le hubiese gustado elevar su mirada y quedarse prendido, con ganas de no irse más.
Lo he visto todo, sin renunciar a tanto otro arte desparramado por el mundo. Después de La Piedad y la Sixtina casi que ni importa si hay algo más allá.
domingo, 8 de enero de 2012
LIBRO DE MARIO SANTELLÁN
viernes, 18 de noviembre de 2011
UN SIGLO DE MI FÚTBOL
Publicado en el libro "100 Años Liga Dptal. de Fútbol de Soriano" (2009), página 13, que mucho nos honra.
UN SIGLO DE MI FÚTBOL
Viejas fotos en blanco y negrísimo, de camisetas camisas con botones o piolas sobre el pecho. Pantalones largos angostos hasta la rodilla y bigotes de la época de algunos jugadores que más mayores parecen, en contraste con su real juventud.
Pelotas que hasta en fotos pesadas parecen y las gorras de antaño, las canchas y los “fields” incluso hoy inexistentes. Hinchadas de todas las épocas en una pasión futbolera de un siglo de vida, amores y tristezas, pasiones y descensos, copas de victoria o derrotas infames. Amigos de aquí o del barrio de más allá, pioneros en fundaciones y escindidos otros para nuevas vidas dar, amantes de famosos equipos para nombres y colores perdurables. Fundadores, los primeros jugadores, el primer partido, la primer copa, la sede, la cancha, aquellos pioneros dirigentes de ocasionales aventuras que hoy identifican a barrios enteros cobijados en igual color.
Multiplicar, por cuántos dirigentes multiplicar cada club, por cuántos jugadores multiplicar cada enseña, por cuántos entrenadores, ayudantes, masajistas, equipiers, delegados, árbitros, dirigentes y funcionarios de la decana Liga. ¡Cuántos hinchas a multiplicar por 100 años!
La virtud del mercedario está a la vuelta de la esquina, privilegio invalorable del hincha es ir a la cancha igual caminando, mirar de reojo la ceremonia en vestuarios, alentar cariñosamente mientras el equipo calienta músculos y dar un grito apenas sale la primer camiseta, ubicarse nerviosamente detrás de las redes del arco para invitar a la pelota en mágico imán a colarse entre tres palos, colgarse de algún alambrado para gritar el gol y tener el privilegio irrepetible de abrazar o tocar al goleador apenas lograda la conquista.
La virtud es poder ir a la sede, saborear los preliminares de la gran contienda, reencontrarse con viejos amigos y discutir, profetizar resultados, integraciones, cambios o lugares de juego para nuestros defensores, que son nuestros vecinos, amigos, hermanos e hijos también que en tarde mercedaria protagonizarán la fiesta máxima del fútbol.
Los vecinos de la tranquila ciudad humeña gozan de un fenómeno social multiplicado por cien. Sufrirán cada partido aún en la victoria y anhelarán el triunfo, se ilusionarán con la vuelta olímpica y caravana triunfal que paseará orgullosamente los colores en un soñado saludo con sus clubes hermanos.
Más tarde el verano continuará alimentando sensaciones porque después del fútbol, más fútbol se prepara. Los gloriosos elegidos se unirán en el mismo uniforme tricolor y así al sol y calor del diciembre de fiesta y playa, harán correr aún más todavía sus piernas por un nuevo desafío que espera.
Un desafío irrepetible. La ilusión de vestir una enseña blanca, entre azul y rojo color. La mágica noche de verano en donde las diferencias no están. ¡Todas las camisetas se funden en una sola tricolor!
Con las inolvidables caravanas de festejo, los más caros recuerdos de nuestra historia futbolera, desempolvando todos los años, desde los gloriosos 20 hasta los recientes brillos del nuevo siglo. Fotos de leyenda que lucen cada día mejor colgadas donde estén. Triunfos de una historia para aumentar el sentimiento chaná.
Difícil recrear en unas pocas líneas 100 años de historia. Tal cual lo repiten hasta el cansancio todos los protagonistas del fútbol, son historias que no se pueden contar, sólo sentir.
Hemos de multiplicar por cien todo acto de emoción. Toda vez que un botija se metió en los vestuarios y esperó con ansiedad que se le alcanzara la camiseta del club. Igual vieja y desgastada, igual usada por otras generaciones o con algún cosido apurado. No importa. El ritual para todos es el mismo. Esa sensación irrepetible de taparse el pecho con los colores queridos vale igual para cualquier división y aunque la cancha desierta esté.
Hemos de multiplicar por cien por los muchos que pudieron quedar por el camino, luchadores por instinto natural en el intento de llegar a saborear esos minutos de gloria, destinados a cualquier cancha, cualquier hora, en el frío intenso de una mañana invernal o apenas pasado el mediodía. La sensación de ponerse los zapatos caídos de una bolsa y salir a la cancha imaginando la gloria suprema de estadios repletos y pendientes del esfuerzo.
Hemos de multiplicar por cien a los héroes anónimos que han contribuido a engrandecer la decana Liga Oriental, como hemos de multiplicar por cien a aquellos que la historia regaló con una foto o unas letras de títulos imborrables en la eternidad, de municipales estadios llenos de veranos litorales y jóvenes privilegiados por haber defendido una prenda codiciada, querida, anhelada y cuántas veces negada para otros.
Un siglo que, como el más puro elixir, concentrado está en la calle Ituzaingó. Guía conductora de una pasión a multiplicar por cien. Hábil cerebro de una conducta integradora de magnitud incomparable en la sociedad mercedaria.
Porque la Liga de fútbol es mucho más que fútbol y se la evocará siempre más allá del propio deporte. De allí su grandeza.
Hace cien años que venimos pateando una pelota, empujándola con el corazón. Llevamos un siglo gambeteando, intentando un cañito o buscando el chanfle perfecto de la zurda vaga. Llevamos cien años mordiendo en cualquier rincón de la cancha, subiendo en cada córner, sacándola del ángulo, devolviendo paredes, evitando mirar un penal, presionando al rival o socorriendo al compañero. Con el fútbol, dicen los resultados, más se pierde y menos veces se gana. El hincha fiel siempre gana. Su pasión es el alimento de su espíritu y sus colores son columna vertebral de su vida.
Hace cien años amaneció, esperábamos el sol pero salió el balón, desde ese mismo origen marcando el tiempo, dejando huella. Cien años rendidos a la pelota. Cien años escapando para la cancha, esperando el dominguero día radiante, dribleando la mesa familiar. Es que uno, enamorado de las vivencias de la pelota y la camiseta, siempre rumbea para la cancha. Como sea, cuando sea, para la cancha. ¡Cómo no ir!, si nos está esperando.
Imaginemos un siglo sin días futboleros, sin camisetas, sedes ni caravanas. Imaginemos un siglo de vida sin fútbol mercedario.
Hoy, que las nieves del tiempo han plateado la historia del fútbol chaná, valdrá la pena entonces multiplicar por cien toda esta bendita historia y todo nuestro amor por tan hermosos años del fútbol de alambrado.
La decana Liga Oriental sigue adelante, mirando de reojo sus recuerdos.
Cumple un siglo de vida, o diez décadas de gloria, o cien años de señorío, o miles y miles de asombrosas sensaciones. Integrando barrios, educando botijas, guiando espíritus deportivos, paseando orgullosa el nombre de la tierra sorianense. La tierra donde nació el mejor fútbol.