domingo, 8 de enero de 2012
LIBRO DE MARIO SANTELLÁN
viernes, 18 de noviembre de 2011
UN SIGLO DE MI FÚTBOL
Publicado en el libro "100 Años Liga Dptal. de Fútbol de Soriano" (2009), página 13, que mucho nos honra.
UN SIGLO DE MI FÚTBOL
Viejas fotos en blanco y negrísimo, de camisetas camisas con botones o piolas sobre el pecho. Pantalones largos angostos hasta la rodilla y bigotes de la época de algunos jugadores que más mayores parecen, en contraste con su real juventud.
Pelotas que hasta en fotos pesadas parecen y las gorras de antaño, las canchas y los “fields” incluso hoy inexistentes. Hinchadas de todas las épocas en una pasión futbolera de un siglo de vida, amores y tristezas, pasiones y descensos, copas de victoria o derrotas infames. Amigos de aquí o del barrio de más allá, pioneros en fundaciones y escindidos otros para nuevas vidas dar, amantes de famosos equipos para nombres y colores perdurables. Fundadores, los primeros jugadores, el primer partido, la primer copa, la sede, la cancha, aquellos pioneros dirigentes de ocasionales aventuras que hoy identifican a barrios enteros cobijados en igual color.
Multiplicar, por cuántos dirigentes multiplicar cada club, por cuántos jugadores multiplicar cada enseña, por cuántos entrenadores, ayudantes, masajistas, equipiers, delegados, árbitros, dirigentes y funcionarios de la decana Liga. ¡Cuántos hinchas a multiplicar por 100 años!
La virtud del mercedario está a la vuelta de la esquina, privilegio invalorable del hincha es ir a la cancha igual caminando, mirar de reojo la ceremonia en vestuarios, alentar cariñosamente mientras el equipo calienta músculos y dar un grito apenas sale la primer camiseta, ubicarse nerviosamente detrás de las redes del arco para invitar a la pelota en mágico imán a colarse entre tres palos, colgarse de algún alambrado para gritar el gol y tener el privilegio irrepetible de abrazar o tocar al goleador apenas lograda la conquista.
La virtud es poder ir a la sede, saborear los preliminares de la gran contienda, reencontrarse con viejos amigos y discutir, profetizar resultados, integraciones, cambios o lugares de juego para nuestros defensores, que son nuestros vecinos, amigos, hermanos e hijos también que en tarde mercedaria protagonizarán la fiesta máxima del fútbol.
Los vecinos de la tranquila ciudad humeña gozan de un fenómeno social multiplicado por cien. Sufrirán cada partido aún en la victoria y anhelarán el triunfo, se ilusionarán con la vuelta olímpica y caravana triunfal que paseará orgullosamente los colores en un soñado saludo con sus clubes hermanos.
Más tarde el verano continuará alimentando sensaciones porque después del fútbol, más fútbol se prepara. Los gloriosos elegidos se unirán en el mismo uniforme tricolor y así al sol y calor del diciembre de fiesta y playa, harán correr aún más todavía sus piernas por un nuevo desafío que espera.
Un desafío irrepetible. La ilusión de vestir una enseña blanca, entre azul y rojo color. La mágica noche de verano en donde las diferencias no están. ¡Todas las camisetas se funden en una sola tricolor!
Con las inolvidables caravanas de festejo, los más caros recuerdos de nuestra historia futbolera, desempolvando todos los años, desde los gloriosos 20 hasta los recientes brillos del nuevo siglo. Fotos de leyenda que lucen cada día mejor colgadas donde estén. Triunfos de una historia para aumentar el sentimiento chaná.
Difícil recrear en unas pocas líneas 100 años de historia. Tal cual lo repiten hasta el cansancio todos los protagonistas del fútbol, son historias que no se pueden contar, sólo sentir.
Hemos de multiplicar por cien todo acto de emoción. Toda vez que un botija se metió en los vestuarios y esperó con ansiedad que se le alcanzara la camiseta del club. Igual vieja y desgastada, igual usada por otras generaciones o con algún cosido apurado. No importa. El ritual para todos es el mismo. Esa sensación irrepetible de taparse el pecho con los colores queridos vale igual para cualquier división y aunque la cancha desierta esté.
Hemos de multiplicar por cien por los muchos que pudieron quedar por el camino, luchadores por instinto natural en el intento de llegar a saborear esos minutos de gloria, destinados a cualquier cancha, cualquier hora, en el frío intenso de una mañana invernal o apenas pasado el mediodía. La sensación de ponerse los zapatos caídos de una bolsa y salir a la cancha imaginando la gloria suprema de estadios repletos y pendientes del esfuerzo.
Hemos de multiplicar por cien a los héroes anónimos que han contribuido a engrandecer la decana Liga Oriental, como hemos de multiplicar por cien a aquellos que la historia regaló con una foto o unas letras de títulos imborrables en la eternidad, de municipales estadios llenos de veranos litorales y jóvenes privilegiados por haber defendido una prenda codiciada, querida, anhelada y cuántas veces negada para otros.
Un siglo que, como el más puro elixir, concentrado está en la calle Ituzaingó. Guía conductora de una pasión a multiplicar por cien. Hábil cerebro de una conducta integradora de magnitud incomparable en la sociedad mercedaria.
Porque la Liga de fútbol es mucho más que fútbol y se la evocará siempre más allá del propio deporte. De allí su grandeza.
Hace cien años que venimos pateando una pelota, empujándola con el corazón. Llevamos un siglo gambeteando, intentando un cañito o buscando el chanfle perfecto de la zurda vaga. Llevamos cien años mordiendo en cualquier rincón de la cancha, subiendo en cada córner, sacándola del ángulo, devolviendo paredes, evitando mirar un penal, presionando al rival o socorriendo al compañero. Con el fútbol, dicen los resultados, más se pierde y menos veces se gana. El hincha fiel siempre gana. Su pasión es el alimento de su espíritu y sus colores son columna vertebral de su vida.
Hace cien años amaneció, esperábamos el sol pero salió el balón, desde ese mismo origen marcando el tiempo, dejando huella. Cien años rendidos a la pelota. Cien años escapando para la cancha, esperando el dominguero día radiante, dribleando la mesa familiar. Es que uno, enamorado de las vivencias de la pelota y la camiseta, siempre rumbea para la cancha. Como sea, cuando sea, para la cancha. ¡Cómo no ir!, si nos está esperando.
Imaginemos un siglo sin días futboleros, sin camisetas, sedes ni caravanas. Imaginemos un siglo de vida sin fútbol mercedario.
Hoy, que las nieves del tiempo han plateado la historia del fútbol chaná, valdrá la pena entonces multiplicar por cien toda esta bendita historia y todo nuestro amor por tan hermosos años del fútbol de alambrado.
La decana Liga Oriental sigue adelante, mirando de reojo sus recuerdos.
Cumple un siglo de vida, o diez décadas de gloria, o cien años de señorío, o miles y miles de asombrosas sensaciones. Integrando barrios, educando botijas, guiando espíritus deportivos, paseando orgullosa el nombre de la tierra sorianense. La tierra donde nació el mejor fútbol.
lunes, 24 de octubre de 2011
LAS MÁSCARAS
Publicado en Semanario Entrega 2000
Estimado Pepe:
Mercedes, 14 de febrero 1921, fiesta veneciana en Mercedes. Según el diario El Día chaná: “Parece que al fin, los que vivimos en Mercedes, nos hemos dado cuenta de la imponderable belleza de nuestro gran río y que se inicia la era de aprovecharlo, organizando fiestas de una novedad y un encanto únicos. El corso veneciano realizado el sábado por la noche resultó tan soberbio, tan lucido, tan fuera de lo vulgar que ni los más optimistas de los que pugnaron por su realización creyeron jamás en un éxito de tal magnitud. La fiesta fue completa, pues disfrutaron de ella miles y miles de personas: los que tomaron parte en el concurso y los espectadores, desde los numerosos barcos que recorrían la zona demarcada y el inmenso, incontable público que presenció el desarrollo del programa desde el murallón de la Rambla, formando un macizo de gente desde el muelle de los 33 hasta el extremo Este de la Isla del Puerto. Desde antes de las 9, hora señalada para el embarque de los pasajeros, era difícil el acceso al muelle, dada la gran cantidad de público que se había estacionado allí, buscando una posición estratégica. Un poderoso reflector eléctrico, hábilmente manejado por don Antonio Reffino, colocado en el extremo del muelle, envolvía en sus rayos luminosos a las embarcaciones, dándoles un relieve sobre el fondo negro del río, que producía un efecto hermosísimo. Las embarcaciones eran muchísimas, de toda clase y calado. Vapores, paylebots, lanchas automóviles, chalanas, botes, de todo. Las había admirablemente adornadas imitando góndolas de Venecia unas, cisnes otras, otras iluminadas a luz eléctrica, otras con farolillos de papel en una diversidad de tamaño… a las 9.30 cuando el “Inca”, que estaba amarrado en el muelle, embarcó su pasaje (unas 350 personas) y se puso en marcha hacia el sitio determinado por la Comisión en la mitad del río, sonaron conjuntamente todas las bocinas y sirenas de las embarcaciones y el pirotécnico señor Caracciolo, desde el extremo de la isla, atronó el espacio con una formidable salva de bombas…”
Santa Ponsa, 30 de junio 2011, estimado Pepe, acabo de recrearme con unas imágenes del carnaval de Venecia y no sólo me recordó este hecho de 1921 en el río Negro sino de las máscaras, famosas ya, como La Bauta, que cubre todo el rostro, no posee boca y desborda de color dorado. Cubren la parte superior del rostro desde la frente a la nariz y mejillas, estas ocultan la identidad pero permiten a quien la usa hablar, comer o beber con facilidad. Tiende a ser la máscara más usada durante el Carnaval veneciano. Se empleaba en muchas otras ocasiones como medio para ocultar la identidad y estatus social de su propietario. Permitía actuar con más libertad en caso que él o ella deseara interactuar con miembros de distintos estratos sociales y escapar a las convenciones sociales en la vida diaria. También era utilizada con otros propósitos, algunos de ellos criminales, y otros personales, tales como encuentros románticos.
Estimado Pepe, exceptuando lo criminal, es posible que en muchos momentos de nuestra vida necesitemos de carnaval y máscaras para mostrarnos tal cual somos y pensamos.
lunes, 17 de octubre de 2011
MERCEDES CAMPEÓN DEL LITORAL
miércoles, 28 de septiembre de 2011
ALLENDE GALICIA
Publicado en Semanario Entrega 2000 de Mercedes, Uruguay.
ALLENDE GALICIA
Estimado Pepe:
Estuve con la gallega hace unos días.
Ella tiene acento típicamente montevideano. Porque desde muy niña creció en la porteña ciudad uruguaya. En la escuela le decían “Gallega”, claro es. Su padre había emigrado primero, sobre 1950, cuando Uruguay le gritaba al mundo su gloria futbolera. Él desembarcaba en Brasil y se metía al paisito por Rivera.
El padre de la “Gallega” llegó a Montevideo mientras todos celebraban. Consiguió trabajo y más pronto de lo pensado se encontró un día con que le pidieron papeles y esas cosas, que no tenía. Lo enviaron a Rivera y lo dejaron con los pies en Santa Ana do Livramento, para que fuera problema de Brasil. Pero el gallego era tozudo, volvió a Montevideo, recuperó trabajo y otra vez le volvieron a pedir papeles, otra vez lo enviaron en tren a Rivera y otra vez fue problema de Brasil.
Pero el gallego era más tozudo todavía. Su sueño americano no lo impediría nadie, ni la ley. Volvió a Montevideo y recuperó trabajo, mandó buscar a su mujer y dos hijos y se quedó para siempre, amando a Uruguay, por sobre la ley. Volvió a Galicia alguna vez, pero el paisito del sur era ya tierra y fuerte raíz adoptada.
Su hija, la gallega, ya mayor, se fue a España un día a buscar trabajo. Cuando la escuchaban hablar le pedían papeles, por su claro acento montevideano. Entonces ella enseñaba su pasaporte español, nacida en Galicia.
Un mal día, el gallego, viejito, murió. Parte de sus cenizas en Uruguay y otras de sus cenizas esperando ahora encontrarse con el viento del norte, en Galicia, muy pronto. Con sus raíces natales. Donde a la vieja aldea volverás algún día.
Se pueden multiplicar los afectos.
martes, 2 de agosto de 2011
lunes, 1 de agosto de 2011
LA PROVINCIA REBELDE
Estimado Pepe:
Mucha afinidad con la selección nacional de Uruguay por parte de la afición española. Ha caído bien este grupo y el mensaje que transmite el equipo es el de la manera de ser de la gente oriental, por lo tanto la identificación se hace sentir más allá de los nativos. Aquello de no ser los favoritos, no ser los grandes, no tener las estrellas, no vender más ni ser los más comerciales porque apenas somos más de tres millones nos ubica como débiles y por lógica con el apoyo de los neutrales.
Esta historia de los tres millones se hace valer ahora, abundan razonamientos científicos o matemáticos y el palmarés deportivo uruguayo, si fuese en consideración a su población, sería difícil de igualar. Sumado a que el oriental mantiene (en general) en el exterior sus rasgos de perfil bajo, prudencia y buena cultura general, llegamos a la conclusión de que simplemente falta ser como somos para sentirnos apreciados.
En Mallorca se vivió por parte de la diáspora oriental la victoria como expresión de orgullo por la tierra. Los tamboriles sonaron por El Arenal y seguramente en algún otro lado y por aquí, en Santa Ponsa, un restaurante de pertenencia oriental abrió cavas y convidó con chorizos a los celestes que celebraban la victoria. Otro bar-cafetería de Santa Ponsa, con tres televisores y una amplia terraza con mesas, recibe a los hinchas uruguayos los días de partido. Vienen incluso de otros sitios de la isla para estar rodeados de camisetas y banderas. Caja para el comercio, punto de reunión y otra expresión de orgullo celeste.
El fútbol nos hace conocidos, como siempre, desde la misma historia de este juego. Nos olvidamos del dinero circulante en el ambiente profesional y sólo nos quedamos con lo mejor nuestro, que es expresar desde el sentimiento más emocional, el recuerdo a la tierra que nos dio una personalidad clara y definida, educación y que jamás se despegó de los zapatos de nadie, por más recóndito lugar en el mundo. Esta mezcla de humildad y paciencia santa que ofrecemos los orientales esconde como siempre la rebeldía que aparece, acostumbrada a la lucha por vivir entre dos gigantes. Es el mar sereno bajo un cielo de tormentas. La Copa América 15 ha llegado, la vanguardia, los más laureados, los campeones. Las hazañas, porque sólo los pocos, los débiles, los pequeños, son los que consiguen hazañas.
Un arco en la frontera norte artíguense, otro en el puerto montevideano, un Uruguay verde y natural donde las madres dan a luz unas veces niñas y otras futbolistas, donde tres hojas de cuaderno fueron una pelota en la escuela, con el espejo de la historia para mirarse y un cielo que brilla sobre nosotros, cual si fuera camiseta celeste. Nada es por casualidad. El viento calmo atraviesa las llanuras, las aguas mansas del río, la actitud taciturna a veces de la gente y en un rincón del alma un libro de historia recuerda que eres rebelde. A tierras baleares llegó la sensación de la victoria, el festejo de una vuelta olímpica más, pero creo que, por sobre todo, llegó la oportunidad, vía selección de fútbol, de poder exteriorizar el amor por un paisito y a una manera de ser.