LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

martes, 20 de enero de 2026

EL MALLORQUÍN ANDRÉS LUIS JAUME, UN URUGUAYO MÁS

EL MALLORQUÍN ANDRÉS LUIS JAUME, UN URUGUAYO MÁS

Entrevista publicada en diario "Crónicas" de Soriano, Uruguay, el 20 de enero 2026.

Andrés Luis Jaume Rodríguez es doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca y doctor en Pedagogía por la Universidad de Barcelona. Actualmente es profesor titular de filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Islas Baleares, lugar de donde es nativo y forma parte de una familia con vinculación a Uruguay.
El mallorquín Miguel Jaume Payeras emigró a Uruguay en el siglo XIX y tuvo una mentalidad empresarial notable. Pero más tarde algunos integrantes de la familia retornaron a Mallorca y es así que Andrés Jaume Rosselló, de 7 años, nacido en Montevideo, se vino a las islas mediterráneas. El niño se convirtió en vice cónsul de Argentina en Mallorca y uno de sus hijos, Andrés Jaume Rovira, sería más tarde cónsul de Uruguay en Mallorca, en el período 1937-1968. Más tarde Jaume Rovira entrega en custodia a la Universidad de las Islas Baleares los archivos consulares.
Hoy Andrés Jaume Rodríguez, nieto de Jaume Rovira, custodia otra valiosa documentación consular y mantiene vivo el afecto a su abuelo. La relación de su familia con Uruguay hace que Andrés tenga hoy una estrecha vinculación con el colectivo uruguayo en la isla, sienta a Uruguay como propio tanto que anhela obtener la ciudadanía uruguaya.
LOS BLANES VIALE Y LOS JAUME, FAMILIAS AMIGAS
¿Qué relación tuviste con tu abuelo Andrés?
“Fue una relación muy estrecha. Viví con mi abuelo Andrés hasta los dieciséis años y después, hasta que me fui a Salamanca a estudiar filosofía iba a su casa cada día, bien fuera a pasar un rato, a estudiar o a cenar con él. Mi infancia la recuerdo tomado de la mano de mi abuelo. Pasaba muchísimas horas con él. En vacaciones paseaba con él por la ciudad de Palma, me enseñaba los museos e íbamos a ver a amigos suyos, mientras tanto, me contaba muchas y variadas cosas. Recuerdo que me hablaba de su abuelo, de su padre y del tío Tano (Alejandro Jaume). Me contaba la historia de Mallorca, me llevaba a exposiciones y me hablaba de sus estudios. También me narraba historias variadas como el caso de Galileo ante la Inquisición. Yo no entendía por qué tenía que ir al colegio cuando tenía al abuelo en casa. Tuve la suerte de tener vivo a mi abuelo los primeros veinticinco años de mi vida, creo que me transmitió dos cosas: me forjó un carácter y me inculcó la importancia de la perspectiva histórica. Cuando estudiaba la carrera cada día hablaba con él y le contaba lo que había hecho en la universidad”.


¿Cómo llegan a tu custodia documentos consulares de Uruguay?
“Recuerdo que de niño ya decía en casa que sus papeles y los retratos de la familia -incluido el retrato de su padre dibujado por Pedro Blanes Viale- eran para mí cuando él ya no estuviera en este mundo. Nunca hubo discusión, la voluntad de mi abuelo era clara y nadie jamás la discutió. Mi abuelo hablaba muy claro, si no, callaba, no había término medio”.
¿De qué modo surge tu afecto hacia Uruguay al punto de querer la ciudadanía?
“Era niño y ya me contaba que su abuelo había emigrado a la República Oriental del Uruguay, donde había nacido su padre. Siempre tuvo la conciencia de ser mallorquín y ser hijo de indianos. Para él representar consularmente a la República Oriental era un honor y un tributo a su padre y su tío Alejandro. En casa estaba el escudo consular y la placa aun cuando el consulado ya no existía. Ese escudo luego le fue dado al pintor uruguayo Alceu Ribeiro, discípulo de Torres-García y amigo de mi padre, Joaquín. Conservo los escudos de solapa que llevaba el abuelo en los actos protocolarios”.
“DEBERÉ LEER A ARDAO”
En casa de Andrés me detiene un Blanes Viale. Pedro, el pintor sorianense, era amigo de la familia, de los hermanos Andrés y Alejandro Jaume Rosselló (éste fusilado en la Guerra Civil Española siendo cónsul de Uruguay en Mallorca). Pedro había estampado en París, en 1903 y para la eternidad a Andrés Jaume Rosselló, como también lo había hecho con Alejandro.
¿Nos hablas de tu vocación por la filosofía?
“A mi abuelo le gustaba la Historia, la Filosofía no desfilaba por casa, pero hay un evento revelador. Una vez -dice mi madre Pura, que debía tener unos cuatro años-, yo afirmé ante el abuelo que él era el hombre más sabio, pues para mí tenía respuestas para todo lo que preguntaba. Pero él respondió que no. Y así fue que pregunté que si no era el más sabio seguro que sí sabía quién lo era. Y en efecto, había respuesta «Sócrates era el más sabio de los hombres porque afirmó que sólo sabía que no sabía nada y que con eso, lo sabía todo». Imagínese eso en la mente de un niño de cuatro años… ahí sigo. Luego vino el libro de Jostein Gaarder El mundo de Sofía, que marcó una generación, la lectura del Discurso del método de Descartes, algunos diálogos de Platón y la Historia de la Filosofía de Julián Marías antes de entrar en la universidad. Me sigue apasionando la filosofía. En mi casa nunca hubo oposición, todo lo contrario, tanto mis padres como mis abuelos paternos me animaron a que estudiara filosofía, eso sí, para acabar de profesor en la universidad, menos, no. Creo que he cumplido. Mi abuelo me dejó claro que unos estudios universitarios acababan con un título de doctor. Él no pudo conseguirlo porque estalló la Guerra Civil española y no era afín al régimen”.
¿Te atrae algún pensador o filósofo uruguayo?
“En Salamanca, una rareza hoy en las universidades españolas, teníamos Historia de la Filosofía española, dos cursos, con dos excelentes profesores, los dres. Laureano Robles y Antonio Heredia, y un curso optativo de Historia del pensamiento iberoamericano que nos lo impartía el Dr. Albares. En mis años de estudiante no me interesaba ninguno, aunque recuerdo haber escrito un trabajo sobre las ideas estéticas de Torres García para una asignatura de Teoría del arte. No conservo ese trabajo. Conocer a Alceu Ribeiro me hizo entender qué era tener un oficio y qué era la humildad. Ribeiro no sólo pintaba bien, era una persona muy humilde que me sugirió leer a «viejito Torres» y a Kandisnky. Luego comprendí que entre el trabajo del artista y el trabajo intelectual no hay diferencia alguna, pero eso lo supe a los cuarenta tras leer a Jean Guitton. Recientemente he leído a Rodó y su Ariel me ha resultado muy sugerente, pero me falta conocimiento sobre la filosofía en Uruguay, deberé leer a Ardao”.
“EN ESPAÑA HUBO UN EXILIO INTERIOR, EL SILENCIO”
No sólo Blanes Viale y lo que se respira del sentimiento hacia Uruguay. La casa es una galería de arte. Nada menos que varios cuadros de Cittadini, Alceu y Edgardo Ribeiro, retratos familiares. Para nuestro entrevistado pintar, dibujar, forma también parte de su vida, como las decenas de libros que dan identidad a su casa.
¿Cómo llevó tu abuelo el consulado en época franquista? ¿Tu abuelo era republicano? Porque en algún documento consular figura un “envío para la república” pudiendo haber puesto “envío a Uruguay”. Pero decir “República” en España en aquellos años podía levantar sospechas.
Por los documentos que nos enseñas, tienes guardadas invitaciones a reuniones diplomáticas, fiestas, la nominación del Paseo Uruguay… y tantas cosas más. En fin, ¿que sentía tu abuelo por Uruguay? ¿Recuerdas que te hablara del país?
“Hace algunos años tuve que escribir un capítulo para un libro sobre Alejandro Jaume tratando el tema del consulado. Entonces me di cuenta del trabajo que llevaba a cabo mi abuelo. Buena parte del archivo consular los escribió él de su puño y letra. El trabajo que realizaba se correspondía más con el de un cónsul de carrera -expedición de pasaportes, fe de vida, etc- que con el de un cónsul honorario. El consulado estaba en su casa, se conservan fotografías y, además, no siendo en absoluto afecto al régimen de Franco, asistía a los diferentes actos oficiales en representación de Uruguay. Era muy cauteloso, pero todo el mundo sabía de quién era sobrino y que no estaba conforme con el régimen. En España hubo un exilio interior, el silencio, y mi abuelo guardó silencio hasta el advenimiento de la democracia. Imagino que los envíos a la «República» eran una forma de ironía «para un lector inteligente» como señala Leo Strauss y sí, mi abuelo era un lector inteligente, lector sobre todo de Stephan Zweig. El país nunca lo pudo visitar. Le pregunté por qué no fue ahí, por qué no emigró, la respuesta fue muy clara, su padre había muerto y se tenía que hacer cargo de su madre. No me hablaba de Uruguay más que como el país que vio nacer a su padre y a su tío, siempre los tenía muy presentes. Estoy muy contento de poder tener todos esos documentos y poder ver qué hacía mi abuelo. Permítame recordar una carta que envía al Consulado General de Barcelona cuando se desmantela el consulado de Palma. Ahí dice que si un nacional uruguayo se presenta en su casa ¿qué puede hacer para ayudarlo? No hubo respuesta. Sé que se alegraba cuando conocía a algún nacional, yo hago lo mismo”.
Con Andrés se pueden mantener largas tertulias de aprendizaje, compartió junto a su padre Joaquín reunión con la Embajadora de Uruguay en España y participaron de la recepción oficial cuando la visita a Palma del Velero-Escuela “Capitán Miranda”. Es notable saber el afecto que desprende y recibe Uruguay.


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