LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

viernes, 18 de diciembre de 2009

"CARTAS" - "El abrigo de un loco" (relato 16)

"La soledad es como mi abrigo", así contestaba un loco a la pregunta de la periodista que semanalmente les ofrece la posibilidad de expresarse públicamente.
Se nota que son locos. Además explican sin tapujos que son medicados periódicamente.
"Cuando no la necesito, me quito el abrigo y voy en busca de mis amigos", continuaba así este loco. Quedé pensando, intentando definir bien su pensamiento. Jamás había escuchado metáfora semejante acerca de la soledad.
Una definición al parecer tan simple, como si uno pudiera manejar a gusto la soledad. Necesitarla y abrigarse con ella.
La naturalidad y rapidez que tuvo el loco para responder llamó la atención.
Peleando con mis pocas neuronas para comprender, pensé en Ramón, mi amigo Ramón, al cual no veo hace ya más de tres años. Me preguntaba si seguiría siendo el mismo loco que conocí. El que año a año se escondía semanas en si mismo y no quería hablar con nadie, encerrado en su casa, solo en máxima expresión, fumando con la mirada perdida.
Ramón revivía sin dar explicaciones e iba al encuentro de sus amigos, que no preguntaban.
¿Sería ésta la respuesta para Ramón? Años me ha llevado encontrar una razón de su periódica soledad. Si así lo fuera, podría sentirme feliz por él. Comprender que buscaba abrigo. Evadirse de un mundo cuerdo sencillamente aterrador.
Entonces, no sé por cuál motivo, imaginé a los pueblos en soledad. Mucha gente viviendo cotidianamente junta, pegados uno con el otro, pero tan en soledad.
Pueblos abandonados a un destino incierto. A un devenir de los años, sin expectativas, con las esperanzas desechas, rotas.
Pueblos sufridos a mentiras.
Pueblos tan solos, dejados a la mano del tiempo y de su pasar. Curtidos a promesas, engañados.
Pueblos que ni siquiera pueden disfrutar de su soledad. Pensaba yo, si ni siquiera los dejan tener abrigo.

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