LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

sábado, 23 de enero de 2010

"CARTAS" - "El acordeonista de la calle Olmos" (relato 20)

Mimos de diferente calidad y disfraces con mucho de arte dan a Palma, como a tantas ciudades, el toque distinto en sus calles más transitadas, sobre todo peatonales, en plazas o lugares de gran interés turístico.
Sobre la calle San Miguel se encuentran muchos pintores que exhiben sus creaciones mientras pintan, quizás por encargo. Bajando por la peatonal Olmos un músico hacía gemir su acordeón ("uno busca lleno de esperanzas..."). Sentado en pequeña silla, sobre un costado el estuche donde guardar su instrumento musical y a su frente el clásico gorro o lugar de depósito de algunas monedas que hacen el sustento diario.
El Municipio de Palma exige a los artistas de la calle. La ordenanza resulta clara para no actuar siempre en el mismo lugar o no repetir canciones.
El pensamiento de gobierno seguro apunta a ofrecer una mejor versión de la Palma cultural callejera. Tanto es así que las estatuas vivientes también deben alcanzar ciertos requisitos artísticos.
Mientras tanto el acordeón de la calle Olmos continuaba con su lamento ("el camino que los sueños prometieron a sus ansias...").
En la calle los hay faquires, robots, héroes animados, soldados históricos, mimos inmaculados de blanco. Muchos provienen de América del Sur y de Europa del Este. Los que hacen de la música su modo de vida llegan con sus instrumentos y por lo tanto existe variedad musical. El repertorio pasa por lo tradicional mexicano hasta la lírica impecable de un par de voces de hombre y mujer que hacen emerger la emoción.
("Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra con la fe que lo empecina...")... es el mensaje que continúa emitiendo el acordeonista de la calle Olmos. Por otro lado, seguramente, el castaño guitarrista estará interpretando las notas que de Aranjuez son su concierto. Arte callejero, de los que viven de la diaria, los que disfrutan con su talento y lo enseñan, los que quizás lo hacen como segunda actividad o ingreso. Quien sabe, habría que preguntarles. Pero sí sabemos que varios son de los recién llegados, los llamados inmigrantes. Por la Plaza España o la Mayor o por la Catedral.
Quienes caminan a su costado los valoran, los escuchan a pesar de la mirada indiferente, algunas manos alargan monedas y otras generan el aplauso. Los que gobiernan velan por la calidad del arte callejero, a la par que los diarios se alarman del alto nivel de fracaso escolar en el reino ibérico, (consecuencias del desarrollo).
("Uno va arrastrándose entre espinas y en su afán de dar su amor..."), mantiene su letargo discepoliano el acordeonista, mientras un mar de gente camina hamacándose para dar paso, en la mañana trabajadora después de las fiestas. Amenizadas navidades por los musicales de la televisión, donde simples letras de amor adolescente hacen de la música un simple comercio vacío en contenido. Tan distinto comercio al del arte de la calle.
Seguro que no le hace falta voz a las blanquinegras teclas ni al fuelle musical. Más de uno pasará indiferente, simplemente escuchando una triste melodía de algún desconocido autor. Algunos sentirán que tus raíces te dan un golpecito en los hombros, como para que no te olvides.
Aunque sea para unos pocos la magia llegó a la calle Olmos, mientras se ("sufre y se destroza hasta entender, que uno se ha quedao sin corazón").

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