LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

jueves, 24 de noviembre de 2016

ASÍ ERES

Te soñé de ojos tiernos, cubriendo tus piernas con jeans gastados, rebelde, elegantemente informal. Anárquica y dulce, según tus momentos. Te soñé mujer solidaria, de pelo libre y lacio, sencilla, de risa sincera. Compañera.
Te soñé libre y desafiante, con ideas propias, naturalmente. Abrazadora y cómplice, líder sin proponértelo, como un ejemplo. Escéptica e intransigente. Dueña de tus actos, de sus consecuencias. Filibustera.
Te soñé dulce. Protegida en brazos que te amen, romántica y fiel. Alegre, divertida, espontánea, contagiosa. Te soñé en mí, más no mía.
Te soñé sin joyas, sin anillos ni relojes. Dueña de tu tiempo. Conversadora, cobijada en abrigos que no mencionan a nada ni a nadie. Amiga de tu gente. Honesta.
Soñé que rogaban tu presencia y me dejabas sin explicaciones. Soñé que caminabas seguro, agitabas una bandera, que coreabas una idea, sólo querías paz.
Te soñé cercana, que me hacías reír, leías mi mirada, que me conocías por un gesto, entendías mi silencio, mis pasos que vienen de lejos y por cómo te abrazo. Cuidadora. Inteligente, ingeniosa, insinuante.
Te soñé dueña de tu destino. Positiva, enérgica, alborotadora tal vez. Confiabas en ti. Te vi caminando, gritando, jugando, cantando. Te vi dar un abrazo necesario, un beso de comprensión, una presencia espiritual. Te vi cuando tenías que estar, compartiendo. Noble. Auténtica.
Te soñé ardiente, cautivante, aventurera, soñadora. Lograbas las utopías. Luchadora. Te vi inflexible en tus colores de amor. Te vi bailando, girando en tu mística presencia, en tu carisma. Verdadera, ingenua a veces, de tan solidaria. Libertaria.
Te soñé escondida en tus propios brazos, lagrimeando y triste, con un reclamo de protección y un abrazo, sin pedirlo. Sentí que volvías a ser niña, más niña aún. Te escuché pedir perdón o respaldar tu verdad hasta el infinito. Naturalmente.
Te escuché gritar, sentir tus enojos, pedir soledades, mirar de reojo. Algo oculta en tu hermosa boina negra. Te conozco por un gesto, sé tus debilidades y tus miedos. Naturalmente.
Te soñé mujer. Libre. A tu manera de ser. Fiel a lo que piensas. Te soñé buena, natural, de mirada tierna, rebelde siempre y dueña de tu destino, preparando un momento compartido. Te soñé conmigo, más bien debo decir junto a mí, sin ser ni dueño ni hombre ni esposo ni invasivo ni que lo invadan, nadie más que alguien que está enamorado de caminar junto a ti. De la mano. Compartiendo. Naturalmente.
Porque para mí eres bella, más no sé si lo eres. Eres mi sueño, más no sé si lo eres. Compañera, con eso basta.

Publicado en el libro "Gente Noble", Editorial Entrega 2000 (2012)