LA CANCIÓN DEL PARIA

"... y siempre voy vagando... y si algún día siente, mi espíritu, apagarse la fe que lo alumbró, sabré morir de angustia, más, sin doblar la frente, sabré matar mi alma... pero arrastrarla no" (O. Fernández Ríos)

martes, 22 de noviembre de 2016

UTOPÍAS O EL LUGAR QUE NO EXISTE

Sueño con lograr las utopías un día de sol y brisa leve 
que haga bailar el pelo de la mujer que amo.

Dicen que será difícil, lo aseguran así para darme un mínimo crédito y mantener viva la ilusión ante la muerte que segura viene. Una risa sarcástica me ofende y los racionales que miran sin mirar, con la poca importancia que se da a los incrédulos, con algo de misericordia también. Son los realistas sin rey, majestades de la realidad que danza y gira sin parar y convence y vence a veces.
Otros juzgan en la frialdad de un invierno continuo, parecen no importar los sentimientos, sólo vale la razón, lo razonable, el manual de las costumbres de la moralidad. ¡Qué me importa!

Yo también tengo un sueño, al igual que grandes luchadores, como millones de anónimos y tontos de mirada buena. Puedo soñar, debo hacerlo. Voy caminando hacia las utopías y soy feliz en la alegría y en la melancolía, que conduce también al sueño. Y lograré ese momento otra vez, buscando un escalón más alto, igual más alto, más difícil y empinado, para que me haga mejor. Casi toco el horizonte que ni siquiera es el lugar que busco porque lo que busco está definido como que no existe.

Miro la sonrisa igual, la mirada mía en los ojos que miro de la mujer de pelo suelto que también camina hacia las utopías, doliendo de amar y vencedora de sí misma ante cada minuto de vida. Es mío el horizonte, llego a él un día de brisa y pleno sol, rozando el pelo de la mujer que quiero, vencido o vencedor, siempre de pie, con más horizonte en mis ojos altivos, buenos y desafiantes. Evado a los realistas y tomo la mano de un amor, que es el mío, absurdo, inconducente y loco, tierno, frágil y peligroso. Es también mi utopía, horizonte y brisa. El lugar existe.

Loco amor la utopía, que tiene nombre de mujer cautivadora. Sinuosa mujer de caricias dulces, abismo irracional, con cientos de horizontes en su cuerpo que se dibujan, moldeándose en la sensualidad de piernas de mujer, el horizonte que logro acariciar.
Es mi sueño, cuidado el que me prive de liberar todo mi pensamiento en todos los pensamientos posibles. Lo conseguiré una vez más, ya lo he conseguido también antes cuando el horizonte quedó atrás y encontré uno nuevo, de brisa nueva que sigue haciendo bailar el pelo de la mujer que amo. El lugar existe, hay brisa.

Alguna vez quisieron vencerme. Me han dicho que la utopía es utopía, nada más.
Por cierto, les di la razón y me di la vuelta a la salida del sol. Entonces volví a soñar a todas horas del día y la noche, tras la ventana, viendo la nieve y el sol, con una copa de vino en la mano, feliz de haber logrado algo la utopía, con ese pelo tan lejos en brisa de aguas dulces, junto al mar mío de sal.
Es una utopía olvidarte.

Publicado en el libro "Gente Noble" - Editorial Entrega 2000. Año 2012